Tendencias a debate
¿En qué medida las nuevas tendencias que marcan las vanguardias son el anuncio de las sociedades, en sentido amplio, que vendrán?
El Correo / 2006
Si pensamos en las tendencias de las revistas de tendencias, como por ejemplo, la del revival del pantalón pitillo, obviamente la respuesta es que no anuncian mucho. Es más, cuando se recurre a la etiqueta de tendencia significa que el fenómeno ya está afianzado y ha superado la fase de experimentación que normalmente acompaña a la vanguardia, aunque sólo la practiquen unos pocos. Pero junto a este tipo de tendencias de pega, más mediáticas, existen otras que sí se sitúan en el territorio de la investigación y el underground en el sentido más noble de la palabra. Es el caso de la cultura hacker, poco conocida pero artífice de muchos de los cambios ocurridos en los últimos años como la disolución entre productor y consumidor o la actitud hazlo tú mismo aplicada a los nuevos medios digitales.
Surgidos en la década de los noventa en la costa oeste de los Estados Unidos, los hackers investigan nuevas posibilidades de programación en torno al software libre, comparten libremente sus hallazgos y los devuelven a la comunidad con el único propósito de beneficiarla. Se organizan en comunidades espontáneas que evolucionan a medida que lo hacen sus intereses y resuelven por sí mismos cada nueva dificultad nacida del código, inspirados por una voluntad permanente de auto-realización e independencia. Pues bien, estos hábitos de la cultura hacker (como la horizontalidad, el hazlo tú mismo, la organización en comunidades de geometría variable o el intercambio desinteresado de conocimiento entre los miembros de la red) han sido absorbidos con naturalidad por los internautas de todo el mundo gracias a herramientas como Flickr, You Tube, la Wikipedia o los blogs. El denominador común de estas nuevas aplicaciones (manifestadas en lo que se conoce como web 2.0) es que apuestan por el protagonismo del usuario, convertido en creador, distribuidor y destinatario de sus contenidos. El internauta de segunda generación edita su propio blog, distribuye sus videos y fotos digitales o crea su estación de radio por internet por el simple placer de hacer lo que le gusta y relacionarse con otras personas con intereses similares. Sin saberlo, es un hacker.
Este tipo de prácticas experimentales son las que realmente anticipan estilos y hábitos de conducta que se cuelan en la sociedad sin que seamos conscientes de ello. Porque además, por ignorancia, la imagen que se tiene de los hackers suele ser la de tíos más bien feos, con pocos amigos, encerrados día y noche a oscuras frente a un ordenador. Y sin embargo, ahí están, liderando una avanzadilla cultural sin aspavientos y casi sin pretenderlo. Así que habrá que seguir muy de cerca lo que ocurre en estos espacios de experimentación tecno-social que son los laboratorios hackers si queremos comprender algunos de los cambios que se avecinan y participar en ellos como algo más que simples espectadores.
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CC Ptqk 2006
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